Pequeños cuadros del azar y la necesidad

Cuando preparaba la primera exhibición de “Nueva Abstracción”, en Buenos Aires, se plantearon como siempre los inconvenientes para financiar la muestra, entre otros el tema de los catálogos, su costo, etc. Entonces una persona muy querida (que acompañó tanto mi vida como mi aprender a pintar) pensó un diseño sencillo y ciertamente muy ocurrente: Debía pintar para cada uno un original, un cuadradito de 7,5 cm. de lado. Usé acrílico sobre papel de fibra larga: el mismo soporte y la misma técnica empleada para “Nueva Abstracción” Fueron más de 300. Yo estaba adiestrado para manchar. Pero al tratarse de tantos decidí trabajar en superficies más grandes y recortar; esto confirió un factor aleatorio, sobre esa suerte de producción en serie. Debía actuar mi selección para dejarlos como estaban (cuando se imponía su gracia), trabajar y retocar otros (menos graciosos), y finalmente descartar unos pocos (irrecuperables). La escala excepcionalmente pequeña confiere un grado de libertad mayor en el uso del color y mayor atrevimiento.

 

 

La escala del cuadro en relación a nuestras la manos, brazos y el cuerpo entero, plantea restricciones y ofrece facilidades a la vez.

El tamaño de la obra no condiciona su calidad, sino su efecto en el espacio, aunque los jurados de los grandes salones pocas veces ponen atención a formatos medios o pequeños. Hoy muchas obras excepcionales del Renacimiento hubieran sido descartadas antes de ser vistas si se presentaran ignotos Rafaellos o Leonardos, o Piero de la Francesca con “la Flagelación de Cristo” por ejemplo. Y mucho me temo que aún vistas, las descartarían si ignoraran la fama de sus autores - prefiriendo los “lenguajes de nuestro tiempo”- bajo la suposición de una idea de evolución del arte y olvidando que el oficio de pintar y la búsqueda de la excelencia en esto existieron siempre, desde el arte rupestre hasta nuestros días.

Esta historia de los cuadraditos nos coloca de frente a la cuestión de la cantidad de obras y del tamaño de una serie y del tamaño de las obras y la cantidad de series, algo que excede el propósito de esta presentación.

Frente a la extraordinaria diversidad que surge de este “banco de pruebas” que apuesta a la cantidad y al menor tamaño de cada ejemplar (tal como los insectos) se abre un repertorio mayor para tomar a cada pintura como obra acabada o como modelo para otra de mayor escala o el trabajo en pintura digital.

Cada visitante de la muestra se llevó el catálogo con un original. Algunos de los sobrantes conforman esta serie que llamo “Pequeños cuadros del azar y la necesidad”

 

Marcelo Rizzo, noviembre de 2006

 

Marcelo Rizzo

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